Cuaderno borrador 4


Algo de mí…

Estoy aquí, en este ahora que lo envuelve todo.
Mirando y respirando.

Oculta y a la espera.
Absorta y quieta.

Sin embargo, me siento mover, te oigo llegar.
Y en esa constante, en ese compás de absurdas melodías,
me abro ante mis ojos —que son los tuyos—
y espero.





No sé si llegás
o si siempre estuviste.

Hay una forma de la espera
que no mira el reloj,
que no se inquieta,
que no necesita confirmación.

Algo en mí deja de buscarte
y, sin embargo,
todo se acomoda
como si hubieras dicho mi nombre
en un idioma que todavía no entiendo.

No doy un paso.
No hago señal.

Pero algo —apenas—
se inclina.

Y alcanza.




No todo lo que inventé era mentira.
Algunas cosas solo necesitaban no existir en ningún idioma.

Ergium no era latín.
Quillén no era lágrima.

Y sin embargo,
hubo un tiempo en que ambas palabras
me dijeron exactamente lo que necesitaba oír.

Pienso en eso ahora,
como quien revisa un cajón viejo
y encuentra objetos sin nombre
que todavía funcionan.

Tal vez nunca importó el significado.
Tal vez lo verdadero
era haber creído.

Y todavía…
un poco
creo.


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