Cuaderno borrador 2

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"Hoy abrí este cuaderno. No recuerdo cuándo lo escribí. Esto fue lo que encontré." A veces dejo los pensamientos abiertos sobre la mesa como quien abandona una taza vacía esperando que alguien adivine el calor que tuvo. Después vuelvo horas más tarde y ya no entiendo lo que quise decirme. Tal vez escribir sea eso: fabricar pequeñas ruinas personales para tener algo que encontrar mañana. la belleza de dejar cosas a medias A veces abandono ideas como quien deja una ventana apenas abierta. No por descuido. Por alivio. Hay algo agotador en terminar las cosas, en ponerles punto final, en obligarlas a decidir qué eran. Prefiero los pensamientos incompletos, las frases que se quedan respirando solas, los dibujos torcidos, las carpetas llenas de “tal vez”. Mi computadora está hecha de restos: imágenes sin usar, textos sin corregir, proyectos sin destino, nombres absurdos guardados para después. Y...

Libretas encontradas



“Las libretas no se escriben: se sobreviven.
Fragmentos encontrados entre el desorden y el insomnio.
Anotaciones pequeñas para pensamientos demasiado grandes o demasiado rotos.
La libreta apareció cuando los cuadernos ya no alcanzaban.
Hay cosas que no merecen página completa. Apenas una libreta doblada.”


APUNTES RÁPIDOS




A veces dejo abierta una ventana de internet
solo para sentir que alguien quedó pensando conmigo.






Hay días en que mi única actividad importante
consiste en mover archivos de una carpeta a otra
como si estuviera reorganizando mi vida.






No sé si colecciono imágenes
o pequeñas pruebas
de que estuve viva y mirando.





Frase atrapada antes de desaparecer

Hay pensamientos que no sirven para nada.

Por eso mismo
me cuesta tanto soltarlos.





garabato con pretensiones de secreto

Tal vez nunca terminé de convertirme
en la persona que imaginaba.

Pero mientras tanto
aprendí a hacer collages
con los restos.



HALLAZGO


Hay noches en que dejo la computadora prendida aunque ya no tenga nada que hacer.

La pantalla ilumina apenas la habitación,
como si todavía quedara alguna conversación dando vueltas entre las pestañas abiertas.

A veces camino hasta la cocina,
vuelvo con café frío,
y me siento otra vez frente al mismo desorden de imágenes,
carpetas,
textos sin terminar,
capturas que ya no recuerdo por qué guardé.

Y sin embargo,
todo eso me hace compañía.

No de una manera triste.
Más bien como hacen compañía las cosas que ya aprendieron a quedarse.

Creo que por eso nunca logro tirar demasiado.
Ni archivos.
Ni frases.
Ni versiones antiguas de mí.

Me gusta pensar que incluso mis errores
todavía tienen algún pequeño brillo reciclable.

Entonces reviso papeles digitales,
muevo imágenes de lugar,
cambio una palabra,
borro otra,
y de pronto pasan dos horas
sin que haya ocurrido nada importante.

Pero algo ocurrió.

Porque durante ese rato
el mundo dejó de empujar.

Y yo pude existir despacio,
sin objetivos,
sin llegar a ningún lado,
acompañada apenas por el ruido de la lluvia,
la luz cansada del monitor
y todas las pequeñas cosas inútiles
que todavía decidieron quedarse conmigo.

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